Monumento

El Palacio Ducal de Gandia es un edificio que se remonta al siglo XIV. Para su construcción, se eligió el emplazamiento más elevado de la villa de Gandia, el “tossal”, y fue Alfonso “el Viejo”, primer duque real de Gandia, quién se encargó de definir la configuración arquitectónica del palacio en época medieval.

Con la llegada de la familia Borja a raíz de la compra del ducado de Gandia por parte del cardenal Rodrigo de Borja, el edificio se verá ampliado y modificado. Pedro Luís, María Enriquez de Luna y Francisco de Borja, dejaran su impronta entre los siglos XV y XVI. De esta época corresponde la remodelación del Salón de Coronas.

En época barroca, los duques Borja darán un nuevo aire al edifico con la remodelación del salón de Águilas y la construcción de la Galería Dorada, construida para conmemorar la canonización de Francisco de Borja.

Tras la muerte del undécimo duque Borja sin descendencia, el ducado y el edificio pasaran a manos de familia nobles, que normalmente no residirán en Gandia. Durante prácticamente un siglo el edificio permanecerá abandonado, hasta que en 1890, la Compañía de Jesús adquirirá el inmueble en pública subasta.

Durante esta fase se llevará a cabo en el palacio una importante restauración cuya finalidad es consolidar todos los espacios del inmueble y promover toda una nueva decoración artística destinada a elevar la figura de San Francisco de Borja. Cabe destacar de este periodo la construcción de la Capilla Neogótica y el acondicionamiento del Oratorio o Santa Capilla del Palacio Ducal.

LA FACHADA PRINCIPAL.

Uno de los escasos vestigios que quedan de la primitiva construcción del palacio es la actual portada adovelada de medio punto por la que se accede al zaguán construido en tiempos de Alfonso el Viejo y el cerrojo que la cierra por dentro, que aún conserva perfectamente visibles las barras del escudo real de Aragón en recuerdo de sus antiguos residentes.

Los nuevos propietarios, la familia Borja, colocarían en su día sobre esta impresionante portada el escudo de armas en piedra que hoy todavía se conserva, sostenido por dos ángeles y dentro de una pequeña hornacina flanqueada por sendos hombres primitivos de larguísimas barbas. Esta fachada principal es de mampostería recubierta con mortero de cal y arena.

PATIO DE ARMAS Y PLANTA BAJA.

Al cruzar la puerta principal se abre ante el visitante el zaguán de entrada, separado del magnífico patio de armas por un impresionante arco escarzano y cubierto por una techumbre de madera decorada con piezas de nácar y hueso. Actualmente en el ala norte del patio, en lo que originariamente fueron las caballerizas del edificio, se encuentra ubicada la iglesia del Sagrado Corazón coronada por una espectacular galería.

También se ubica en este espacio de estructura trapezoidal la escalera señorial que da acceso al Salón de Coronas. De todos los ventanales que se abren al patio, únicamente el situado sobre la escalera de honor es original. A este patio de armas recaen las principales dependencias del edificio y, desde la planta baja, se accede a la que fuera antigua armería (actualmente capilla privada de la comunidad) y junto a ésta, el otro pulmón del edificio, el Patio de la Cisterna, conocido también como Patio de las Cañas.

ACCESO A LA PLANTA PRIMERA.

Una escalera situada en el ángulo noroeste del patio de armas nos lleva directamente a las estancias nobles. Ya en la primera planta accedemos a la llamada Cámara de la duquesa, donde se ubica la supuesta habitación en la que nació San Francisco de Borja y cuyo elemento decorativo más destacado lo configura un pavimento cerámico con azulejos de finales del siglo XV en azul y blanco de Manises con el motivo del “encadenat”. Las estancias nobles contiguas a esta primera sala son, sucesivamente, el Salón de Águilas, cuyo nombre proviene de los elementos zoomorfos que decoran el friso que recorre todo el perímetro de esta estancia, realizado en yeso y rematado en pan de oro. A continuación, la Sala de los Estados de Cerdeña, en recuerdo de las posesiones de la familia Centelles en esta isla, incorporadas a las de los Borja fruto de la unión del hijo del santo duque, Carlos de Borja, con Magdalena de Centelles, quedando de esta manera anexionado entre otros muchos territorios el condado de Oliva.

Inmediatamente se encuentra la Sala Verde y el Aposento de la Torrecilla, en el que se supone aposento de la duquesa María Enríquez, donde destaca sobremanera uno de los pavimentos más antiguos de todo el palacio formado a base composiciones hexagonales mediante la utilización de azulejos del “alfardó” de principios del siglo XV.

Entre este piso y el superior, a la altura del cielo raso del Salón de Águilas quedaría emplazada la antigua prisión del palacio ducal.

DEL SALÓN DE CORONAS A LA SANTA CAPILLA.

Subiendo directamente por la escalera señorial del Patio de Armas se accede al Salón de Coronas, remodelado en tiempos de San Francisco de Borja, concretamente durante los primeros años de su mandato al frente del ducado y cuya denominación se debe al motivo de la doble corona que decora todo el artesonado. Este elemento proviene de la fusión de dos coronas y Alejandro VI lo utilizó como símbolo en su coronación papal y serán ya sus propios hijos los que lo adoptarían como distintivo propio. En el friso superior se conserva el sabio consejo del duque a sus hijos, tomado de las epístolas de San Pablo y que en castellano se traduce: “Corred para comprender que sólo será coronado aquel que pelee según la ley”. La Compañía de Jesús tuvo que reponer gran parte de los azulejos que decoran las paredes de este Salón, pero todavía se conservan en el lado que da al patio parte de los azulejos originales provenientes de los alfares de Triana que recorren el alto zócalo y que están realizados con la técnica de la cuerda seca o arista.

Actualmente, la sala se encuentra decorada por ocho sargas y un lienzo obra de Martín Coronas, junto con una pintura de autor desconocido, datada en el siglo XVIII, y que complementa el ciclo de escenas de la vida de Francisco de Borja, cronológicamente ordenadas en el sentido de las agujas del reloj. Presidiendo el salón encontramos el retrato del IV Duque vestido con los hábitos de Caballero de Santiago. El mismo Hermano Coronas que se encargaría de parte de la decoración de este Salón de Coronas, fue el autor de las pinturas que decoran la actual Capilla Neogótica, antaño despacho privado del Santo. De tiempos de San Francisco de Borja y que todavía hoy se puede apreciar en esta sala destaca el crucifijo del santo. Adherida a este despacho se ubica la Santa Capilla, donde el santo practica sus oraciones y disciplinas.

Según una leyenda muy extendida, el diablo pretendía distraerlo de sus devociones lanzando piedras a través de una pequeña ventana de alabastro que todavía se conserva junto al altar y la creencia popular asegura que algunas de las manchas de sangre son las gotas de sangre provocadas por las excesivas mortificaciones que se auto infligía el duque con sus penitencias. El recinto es un pequeño oratorio con un techo poligonal que recuerda la forma de un ataúd, en cuyas paredes todavía se conservan las grisallas realizadas por Filippo de San Leocadio (hijo del afamado pintor Paolo de San Leocadio) sobre los misterios del rosario, muy retocadas por el hermano Coronas. El aspecto actual de la techumbre y el pavimento corresponde a una intervención realizada por la Compañía de Jesús.

LA GALERÍA DORADA.

La “Obra Nueva” o “Galería Dorada” se encuentra entre las construcciones que más han embellecido y caracterizado el Palacio Ducal y constituye el elemento arquitectónico y artístico más significativo del monumento, siendo un referente excepcional de la arquitectura civil barroca valenciana. El motivo de su realización fue la conmemoración de la canonización de Sant Francesc de Borja a instancias del X Duc de Gandia. Éste mandó edificarla sobre la terraza contigua al patio de la cisterna y se concluyó a principios del siglo XVIII. La edificación está formada por cinco salas continuas separadas por pórticos de madera, decoradas en su totalidad con cartelas, acantos, grutescos y golpes de hojarasca bajo una estructuración bícroma basada en el color blanco en correspondencia con los elementos en relieve dorados.

La Galería Dorada recibe precisamente de ahí su nombre, por la profusión de ornamentación dorada sobre los elementos ornamentales en talla de madera que cubren todo el perímetro de las cornisas, los paneles murales divisorios de las estancias y los copetes de las puertas. Se trata de un perfecto trompe l’oeuil arquitectónico que juega con las perspectivas y la luz, creando un clima escenográfico impresionante. De todo el programa decorativo de la Galería destaca el ciclo pictórico de los techos de sus cinco salas que da nombre a cada una de ellas: Sala Heráldica de la Familia Borja, Sala Ornamental, Sala de la Glorificación de Sant Francesc de Borja, Sala de la Sagrada Familia y Sala del Cielo y la Tierra (es en esta última sala donde encontramos el famoso mosaico barroco de los Cuatro elementos). Tanto por su extensión como por la complejidad del programa icónico representado, supone un hito dentro del movimiento del último barroco colorista en tierras valencianas. La tradición ha mantenido al pintor Gaspar de la Huerta Martínez como autor del ciclo pictórico de la Galería Dorada, no obstante, estudios recientes sugieren que en las dos primeras salas podría haber colaborado como ayudante el pintor Esteve Romaguera, pintor de su entorno y también conocido por otros trabajos para la Compañía de Jesús en Valencia. En cuanto a la decoración exterior, cabe destacar fundamentalmente la ornamentación pictórica de las fachadas. Se trata de ornamentación vegetal en los entrepaños entre balcones con cenefas, volutas y apilastrados en colores almagra y gris. El otro punto de atención es el fuerte cromatismo que imprime al conjunto tanto la cobertura de tejas de los balcones como el propio tejado de la sala. Todo ello está resuelto con teja cerámica vidriada, en color azul y blanco en los balcones y en líneas azul-amarillo y blanco-verde alternos en la cubierta. Es quizás éste uno de los aspectos más llamativos del cuerpo de la Galería Dorada.