LA HISTORIA Y SUS PERSONAJES

El Palacio Ducal de Gandia es un complejo edificio de arquitectura civil, que se empieza a configurar en el siglo XIV y ha sido construido, ampliado y restaurado a lo largo de siete siglos. Su interior acoge un variado muestrario de estilos arquitectónicos, con vestigios del primitivo palacio gótico de los siglos XIV y XV, aportaciones renacentistas del XVI, ampliaciones y transformaciones barrocas propias de los siglos XVII y XVIII i finalmente reconstrucciones neogóticas de finales del siglo XIX y principios del XX. Es necesario por tanto remontarse a sus orígenes para asimilar este conglomerado de estilos tan diferentes.

A partir de 1239, cuando Jaume I el Conquistador toma el territorio de Bairén, éste pasará a formar parte del patrimonio real de la corona de Aragón, y la población musulmana, hasta ese momento dispersa en alquerías, será unificada bajo dominio cristiano en núcleos de población, de entre los que destacará la villa de Gandia. De patrimonio real, la villa de Gandia pasará a ser un territorio de señorío cuando, en 1323, el rey Jaume II el Justo se la entregue a su hijo, el infante Pere de Ribagorça, que se convertirá en primer señor de la villa. Para su residencia, el infante Pere elegiría el “tossal”, o punto más alto de la villa y sobre los cuales y con el tiempo, se iría configurando la forma definitiva del Palacio Ducal.

De todos modos, el primer esplendor que vivirían el palacio y la villa llegarían a manos del hijo de Pere, Alfonso de Aragón, llamado comúnmente Alfonso “el Viejo”. Alfonso de Aragón, conde de Denia, marqués de Villena, conde de Ribagorza, duque de Gandia y primer condestable de Castilla, amplió y ennobleció el edificio acorde a un personaje de su categoría, aparte de otras obras destacadas en la villa y fuera de ella, como la ampliación de la iglesia de Santa María y la construcción del monasterio de Sant Jeroni de Cotalba. En 1399, el rey Martín el Humano, con motivo de su coronación, concede el titulo ducal a Gandia, convirtiendo así a Alfonso en duque de la villa. Será esta la primera vez que este título se conceda en la Corona a un personaje que no es hijo de rey. El palacio del duque se vio en este momento rodeado de toda una corte de artistas, escritores y poetas de entre los que destacan Ausias March y Joan Martorell, señores además de territorios cercanos. De todos modos, poco se conoce del edificio en esta época, salvo las referencias a algunas intervenciones que realiza Alfonso el Viejo.

Tras la muerte de Alfonso “el Viejo” en 1412, su hijo, Alfonso “el Joven” será quien le suceda en el ducado, aunque durante poco tiempo, ya que en 1424 el segundo de los Alfonsos también muere, y en este caso sin descendencia. Este hecho provocará que el ducado, que se había quedado sin sucesor, revierta en la corona, cumpliendo así las condiciones del tipo de donación, denominada “apanage”, que Jaume II había realizado a su hijo Pere. A partir de este momento, el ducado de Gandia y su palacio pasarán por diversas manos. En primer lugar, el rey Alfonso el Magnánimo entregará el palacio a su hermano Juan, rey consorte de Navarra, quien a su vez se lo cederá a su hijo, príncipe de Viana. Una vez que Juan llega al trono, las deudas le harán empeñar el dudado a la ciudad de Valencia por 10.000 ducados, y esta se convertirá desde este momento en administradora del territorio de Gandia.

Pero sin duda el segundo y quizás más conocido momento de esplendor le llegará a Gandia en 1485, cuando el por entonces cardenal Rodrigo de Borja (futuro papa Alejandro VI) le comprará al rey Fernando el Católico el ducado de Gandia, desligándolo definitivamente de la corona. Rodrigo no solo mantenía de este modo el contacto con su tierra natal desde Roma, sino que además adquiría una zona que aunque durante los últimos años no había visto su mejor momento, era una de las más prosperas del levante valenciano, hecho que el cardenal rápidamente supo apreciar. Con la llegada de Pedro Luís Borja, hijo de Rodrigo, se inicia la saga de los duques Borgianos de Gandia que contará con al menos once generaciones, de entre los que cabe destacar la figura del cuarto duque de Gandia, Francisco de Borja, que será canonizado en 1671. La buena administración de los duques Borja y las ganancias producidas por el cultivo de la caña de azúcar hizo que se viviera un momento álgido en la villa, y el Palacio lo reflejaba con intervenciones de relevancia por parte de sus moradores. Desde Roma incluso llegan encargos de cerámica gandiense, que después también será aprovechada para decorar las estancias del Palacio. Es también éste el momento en el que se intenta dejar atrás el estilo gótico que hasta entonces había caracterizado al edificio, para ir incorporando nuevos estilos más modernos y acordes con los residentes, siguiendo siempre las modas de cada una de las épocas. Muerto el último de los duques Borja sin descendencia, el palacio y el ducado acabaran en manos de los duques de Osuna a través de diversos contratos matrimoniales. Los duques de Osuna, nuevamente intervendrán y cambiarán el aspecto del edificio adaptándolo a sus nuevas necesidades. A finales del siglo XVIII, los duques de Osuna, aunque manteniendo el título del ducado gandiense, decidirán prescindir del palacio, que quedará abandonado y a merced de cualquier persona durante prácticamente cien años. Tras los cien años de abandono, y ante el aspecto ruinoso que presentaba el edificio, es sacado a pública subasta como solar, con la esperanza de que el edificio fuera derruido. Afortunadamente, este hecho nunca se constata, ya que en 1890, la Compañía de Jesús adquiere el palacio para conservar la memoria del cuarto duque de Gandia, Francisco de Borja. Los jesuitas se encargan en este momento de las tareas de restauración de un edificio que estaba prácticamente derrumbándose, centran el palacio bajo la imagen de San Francisco de Borja, y adaptan muchas de sus estancias para el culto religioso y la docencia.

A finales del siglo XX, el Palacio se configura como edificio histórico visitable, se centra en los Borja y en especial en la figura de San Francisco de Borja, y empieza a acoger visitantes.